5 Factores que sostienen la mentalidad de escasez y pobreza.

La mentalidad de escasez y pobreza está vinculada a la forma de entender lo que representa el dinero y aceptar que la interacción con él es un asunto emocional, no racional.

Si una persona piensa en la cuenta por pagar de la tarjeta de crédito o la casa que desea construir con los ahorros acumulados, ¿qué experimenta?: emociones, sentimientos, sensaciones.

El trato con el dinero es un asunto emocional.

Quienes lo entienden como algo completamente racional, cometen una equivocación. Pensar en dinero provoca ansiedad, excitación, deseo, nerviosismo. Abordar el asunto con frialdad no lleva a ninguna parte.

Establecer objetivos financieros y organizar la forma de alcanzarlos es un aspecto analítico fundamental. Pero es más importante desarrollar hábitos y conductas que definan una relación con el dinero a lo largo de toda la vida.

Y éste segundo aspecto está más cerca del ámbito emocional. Porque los hábitos y conductas responden primero a móviles emotivos.

Para activar los pensamientos y emociones que cambien una mentalidad de escasez por otra de disponibilidad y abundancia, es necesario entender los factores que componen la mentalidad de pobreza. Así se sabe qué elementos combatir y cuales aprovechar.

INERCIA, primer factor de la mentalidad de escasez y pobreza.

La inercia se refiere a la tendencia de sostener el Statu Quo. Mantener las cosas tal como están en lugar de buscar un cambio. Éste es uno de los pilares sobre los que se asienta la mentalidad de escasez.

El cambio requiere pensar, tomar decisiones y actuar, lo que muchas veces es más incómodo que dejar las cosas como están. Ésta es la razón por la que los hábitos son tan difíciles de cambiar, especialmente los relacionados al dinero.

La inercia no solo refuerza la existencia de una mentalidad de pobreza que elude el cambio, también la conduce a situaciones de mayor riesgo. El mercado se apoya en la inercia de los procesos mentales de la mayoría de los individuos para asegurar la existencia de compradores dispuestos a gastar lo que tienen.

Esto construye un circuito difícil de quebrar: personas que toman compromisos financieros y deudas como efecto de la inercia de sus procesos mentales y luego no pueden dejarlos por temor a incumplimientos y sanciones.

La inercia no es algo que se pueda ver, pero sus efectos son notorios. Es una “forma de hacer las cosas como siempre se han hecho”, un no entender porque no mejoran, y finalmente una mansa aceptación de lo inevitable. En esto la mentalidad de pobreza adopta el fatalismo. Uno que emerge de la persona incapaz de visualizar las cosas de manera distinta.

¿Cómo se combate la inercia en los procesos mentales de escasez y pobreza?

La mentalidad cambia porque los pensamientos que existen al respecto cambian primero. Éste es el factor fundamental. Luego la inercia puede jugar a favor de los nuevos hábitos, así como lo hizo con los que no ayudaban.

Los hábitos “positivos” pasan por adoptar mecánicas inteligentes de control de los gastos, fijar metas financieras (incluso a nivel “micro”), disponer metódicamente fondos para ahorro o alguna actividad afín, hacer aportes y donaciones, etc.

Hay mucho escrito sobre hábitos y conductas de una “mentalidad de abundancia”, y cada quién debe explorar entre lo que mejor le ajusta. Lo importante es reconocer que en esta lid se enfrenta la INERCIA, una fuerza poderosa que solo se rompe con la disposición de salir de la zona de comodidad cotidiana y entender el beneficio y la bendición que representan los cambios.

ESCASEZ, el segundo factor.

La escasez es la creencia, la convicción de que no se tiene algo en medida suficiente. En este caso el dinero.

En ciertas situaciones, bajo la métrica, referencia y contexto adecuado, la escasez puede ser un hecho concreto y válido. Pero en el caso de la mentalidad de pobreza es solo una percepción, un sentimiento, una emoción. Es la noción de “no tener lo suficiente”, o incluso la “idea de que nunca se tendrá lo suficiente”.

Este sentimiento de escasez produce ansiedad y estrés permanente. Afecta la capacidad de enfocarse en actividades y trabajos que cambien la realidad financiera a mediano y largo plazo. Reduce la visión de lo que puede hacerse adelante, precisamente por su enfoque en la teórica escasez del presente.

Cuando se vive u opera con mentalidad de escasez el “ancho de banda” de los procesos mentales es tan estrecho que impide la consideración de objetivos de largo plazo.

Aun cuando no se esté en un estado de pobreza, el estrés y la ansiedad pueden conducir a un efectivo deterioro de la salud financiera en el tiempo, puesto que finalmente no se toman decisiones inteligentes con procesos mentales tan restringidos.

De acuerdo a Eldar Shafir, psicólogo de la Universidad de Princeton, la mentalidad de escasez provoca una reducción de entre 13 y 14 puntos en el coeficiente de inteligencia humana (IQ), el mismo efecto que causaría una noche sin dormir o una buena borrachera.

Así de disminuida opera la mente cuando se aprecia el mundo y todas sus cosas con mentalidad de escasez. Las personas en general toman precauciones para no conducir sus vehículos en estado de ebriedad, sin embargo así conducen su vida económica, casi sin darse cuenta, o peor aún, considerando que ello es lo “normal”.

Cambiar una mentalidad de escasez no es fácil. La energía que se dispensa en ansiedad y preocupación respecto al futuro debe dirigirse a la gestión eficiente de lo que se tiene, y al convencimiento que si todo se hace bien y en orden (trabajo, presupuesto de gastos, pago de deudas y ahorro para el futuro), las cosas irán bien.

Ayuda igualmente desarrollar un agudo sentido de gratitud por lo que pasa y lo que se tiene. Esto sirve para ampliar el “ancho de banda “de los procesos mentales, agobiados por las preocupaciones respecto al futuro.

La AVERSIÓN A PERDER, tercer factor de la mentalidad de escasez y pobreza.

Ésta es la tendencia natural que tienen las personas de esforzarse mucho más en evitar una pérdida que en conseguir una ganancia.

Los procesos mentales regulados por la aversión a perder orientan las acciones hacia el control de los gastos y la administración temerosa de lo existente. Impiden apreciar el beneficio de trabajar sobre los ingresos o el incremento de las ganancias. Esto reduce el campo de acción de las decisiones financieras y mantiene a las personas administrando la escasez.

La aversión a perder es una fuerza poderosa, de la misma dimensión que la inercia. Y puede servir muy bien en una mentalidad de abundancia al conseguir que las personas sean cuidadosas en la administración del dinero. La aversión a perder puede ayudar en la eficiencia para gestionar el dinero.

Sin embargo, en términos de la efectividad necesaria para trabajar sobre las líneas de ingresos y ganancias, la aversión a la perdida juega siempre en contra.

Una manera de enfrentarla es desarrollando presupuestos de gastos con base «0» en lugar de presupuestos que sostengan el consumo vigente.

Cuando se desarrolla un presupuesto de gastos desde «0», todo avance constituye un beneficio, en cambio, cuando se presupuesta desde un estado de excedentes, todo parece un sacrificio.

El ANCLAJE, cuarto factor.

El anclaje es la tendencia de basarse en una pieza de información (habitualmente la primera que está disponible, o aquella que está arraigada en las creencias), para tomar decisiones sobre algo.

El anclaje se refleja en conductas adquiridas respecto a ciertos gastos o comportamientos de compra. Es la forma en la que se hacen las cosas habitualmente, la “costumbre”, la norma o el convencionalismo que existe respecto a ciertos gastos o inversiones. La manera “automática” de comportarse, tomando el camino fácil, la senda cómoda.

¿Es conveniente el pago de la colegiatura que se hace para la formación de los hijos? Si la respuesta se fundamenta en preceptos o información parcial, es un caso típico de anclaje.

Un gasto que se está realizando por interpretaciones cómodas de la realidad. ¿Es más conveniente el pago de una cuota de préstamo al Banco por la casa propia o el pago de una renta de alquiler? Igualmente, si la respuesta obedece a un precepto, es una muestra de anclaje, si responde a un análisis amplio y objetivo de información, es una decisión financiera sensata.

Todas las decisiones referentes a dinero deberían acompañarse con un análisis amplio de la información disponible y un criterio básico de funcionalidad.

Por ejemplo: ¿es conveniente y funcional disponer el ingreso de 3 meses de trabajo para comprar un anillo de compromiso? Bajo la lógica emocional muy probablemente se active el anclaje, pero como producto de un análisis objetivo (por básico que fuere), posiblemente la decisión sea otra.

La mejor forma de combatir el anclaje es por medio de la evaluación del “costo de oportunidad”. Toda decisión de compra o inversión determina que otra cosa deje de comprarse, u otra inversión deje de hacerse.

El análisis objetivo cualifica los gastos y las inversiones, al mismo tiempo que consigue que estos no se hagan como una respuesta automática a información disponible o antiguas creencias.

El análisis de “costos de oportunidad” elimina el anclaje como componente de la mentalidad de pobreza y escasez.

El PRIVILEGIO DEL PRESENTE, quinto factor de la mentalidad de escasez y pobreza.

Este factor hace alusión a la lucha continua y poco justa que se produce entre el Ser presente y el Ser que se proyecta en el futuro. ¿Quién soy hoy, y quién quiero ser mañana? En la toma de decisiones ésta lucha generalmente la gana el Ser presente, a expensas de lo que puede deparar el porvenir.

A diferencia de lo que el presente significa para la paz mental, en el caso de la planificación financiera es un factor peligroso que cimenta la mentalidad de pobreza. Si no existe una básica intención de organizar el futuro económico todo concluye siendo caótico.

La mejor forma de enfrentar el síndrome de “privilegio del presente” es visualizarse en el futuro. Proyectar la imagen de vida que se puede sostener de acuerdo a determinado orden financiero.

Por una parte, si ésa visualización del futuro presenta restricciones y riesgos para la vejez (por ejemplo), motiva la toma de decisiones apropiadas ahora mismo. Por otra parte, si la visión plantea un escenario halagüeño constituye refuerzo positivo al ordenamiento que se hace hoy.

En la medida que puedan equiparse los detalles que se visualizan en el futuro inmediato y el futuro remoto, se podrán tomar decisiones sobre ambos de la misma manera, sin que exista un privilegio del estado presente o el riesgo de operar en función de una quimera futura.

Finalmente no se trata de sacrificar hoy todo en beneficio del futuro, ni tampoco hacer ahora todo sin consideración del futuro. Se trata de tomar decisiones financieras con igual consideración por ambos estados.

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